«Eres basura», «gente como tú es auténtica basura»; Patxi dixit.
Parece claro que dichas expresiones no pueden considerarse dentro del debate público o del derecho a la participación en los asuntos públicos, aunque tienden a abundar entre los pachis y rufianes que, por desgracia, pululan en las instituciones públicas.
Es de suponer que el derecho a la libertad de expresión goza de la necesaria reciprocidad, pues sería injustificable que personajes de tales características (indocumentados, de escasa o nula cultura -y menor educación-, ninis sin estudios, profesión u oficio, auténticos patanes que llevan toda la vida viviendo de la política) gozaran en exclusiva de ese derecho fundamental.
Personaje, el susodicho, que, además, se pasa el tiempo insinuando, sino acusando de prevaricadores a los jueces.
Todo ello, parapetándose cobardemente en una mal entendida inmunidad.