Brutal acoso laboral, con la participación activa del “pitufo de la nevera”

A continuación, se relata un caso de acoso laboral, declarado en sentencia judicial (“la conducta empresarial afectó a un trabajador, que estuvo cuatro meses y medio de baja por un trastorno de ansiedad relacionado con entorno laboral, habiendo actuado las empresas con la clara intención de que el demandante no continuara prestando sus servicios para ellas).

Es objeto del acoso un empleado del Departamento Administrativo de dos sociedades del mismo grupo empresarial, cuyo “amo” es un empresario mediocre y acomplejado, con la única habilidad -según los que le conocen- de engañar a los demás.

Los acosadores principales son: los dos presidentes de ambas empresas (no valen ni para estar escondidos), con el beneplácito, activo o pasivo, del resto de paniaguados miembros del consejo; los dos gerentes low cost de las empresas (profesionalmente mediocres. A uno de ellos acaban despidiéndolo) y, finalmente, un empleado del Departamento administrativo, compañero del acosado, que se presta a ello, dado a su naturaleza servil, profesionalmente de lo más mediocre y gandul. A este último individuo le suben el sueldo (unas migajas) como pago por su participación en el acoso (1).

Forman parte de los hechos probados del acoso:

Despojar al trabajador de las llaves de la oficina, de las que disponía desde hacía décadas.

Despojar al trabajador de los medios informáticos con los que venía trabajando durante décadas.

Dado los embates de acoso y aislamiento al que venía estando sometido por el “grupo familiar”, el trabajador causa baja laboral durante unos meses por un trastorno de ansiedad relacionado con entorno laboral.

Incorporado a su puesto de trabajo tras la baja, al trabajador no se le proporcionan las nuevas llaves de entrada en la oficina, ni la clave de la alarma, y se le traslada a otra planta, donde no hay ningún trabajador; sin ordenador, y sin ninguna tarea asignada.

Incluso le niegan el acceso a la nevera donde cada trabajador tienen sus botellas de agua. Conviene detenerse en este punto. La nevera es un frigorífico a disposición de todos los trabajadores. Es el compañero al que antes me he referido el que, además de tratarle mal de palabra, durante el acoso, le niega el acceso a la nevera comunitaria (bebe del grifo, le dice). En el acto del juicio, se le pregunta por este hecho y, sin vergüenza alguna, dice ante su Señoría que ello no era tan grave, dado que era marzo y no era necesario beber agua fría.

Se le asignan tareas, para tenerlo entretenido y humillado, que siempre se habían realizado a través de programas informáticos y que se hacían en escasos minutos; para que las metiera a mano en el ordenador y así tenerlo ocupado durante días en trabajos no necesarios.

El trabajador demanda a las empresas solicitando la resolución del contrato por el referido acoso y a los pocos días recibe la carta de despido (“el verdadero motivo del despido fue la represalia frente al trabajador tras la interposición de la papeleta de conciliación en materia de conciliación en materia de resolución de contrato por incumplimiento empresarial grave con vulneración de derechos fundamentales e indemnización de daños y perjuicios”). En el “procedimiento”, la empresa se inventa la existencia de un protocolo de acoso, que no existía, por lo que estaba incumpliendo manifiestamente la ley.

Dentro del arsenal de pruebas que el trabajador aportó en el procedimiento laboral, existe un audio en el que se acredita que el empresario que manejó los hilos del acoso se dirige al acosado y le espeta, groseramente: ¡chúpamela!.

Como dice la jurisprudencia en la materia, echando mano de la ciencia, “Este fenómeno ha sido objeto de estudio por la sicología (ver el estudio de los psicólogos M. D., P. B. y L. G.-S. en www.mobbing.núm./476.htm) que lo ha definido en el ámbito del trabajo como situaciones de hostigamiento a un trabajador frente al que se desarrollan actitudes de violencia psicológica de forma prolongada y que conducen a su extrañamiento social en el marco laboral, le causan alteraciones psicosomáticas de ansiedad, y en ocasiones consiguen el abandono del trabajador del empleo al no poder soportar el stress al que se encuentra sometido. Como indica Marie F. H. (El Acoso Moral, Edit. Paídos) “el acoso nace de forma anodina y se propaga insidiosamente”Pero también así descrito el acoso moral no cabe duda que constituye un atentado a la integridad moral de las personas a quienes se somete a tratos degradantes que impiden el libre desarrollo de su personalidad y que desde esta perspectiva este acoso constituye un atentado al derecho a la integridad moral que protege el art. 15.1 Constitución Española.

La jurisprudencia se encarga, asimismo, de deslindar adecuadamente las conductas calificables de acoso de otros posibles desafueros cometidos por el empresario ejercitando de forma abusiva sus poderes de dirección y organización de la empresa, pues no resulta factible llegar a la conclusión de que todo ejercicio abusivo de estas potestades puede calificarse de acoso y ello obviamente sin perjuicio de las respuestas que desde la legalidad puedan obtenerse en contra de esas actuaciones antijurídicas.

De lege ferenda. Por ello, entiendo que el acoso laboral, como el que se acaba de describir, debería ser objeto de importantes sanciones contra el acosador, incluso con su imposición, en el caso de que se desarrollen en el ámbito societario, a los administradores sociales y a los que directamente participan en el acoso, junto a la responsabilidad solidaria de la empresa. Y de indemnizaciones que tengan un claro efecto disuasorio (prevención general y especial), para persuadir a estas auténticas alimañas / gentuza de la comisión de estos deleznables hechos.

  • El servilismo es una herramienta muy útil para los acosadores. Puede verse:

“El servilismo”. https://www.elpais.com.co/opinion/columnistas/carlos-e-climent/el-servilismo.html