Boquetes en la contratación pública

Muy interesante el artículo del magistrado José Ramón Chaves en su blog:

La gatera de la corrupción en la contratación pública

A su apreciación: “… pues el problema está en cómo se cuelan en cargos públicos las personas sin visión institucional, sin respeto a la Ley y prestas a aprovechar la ocasión para intereses indignos”.

Me gustaría añadir que parece que no sólo son “cargos públicos” (es decir, políticos) los que se corrompen. Existe una amplia fauna de personas corruptas, siempre relacionadas con la contratación pública y con sectores en los que interviene la Administración con amplios poderes “discrecionales”, por ejemplo, el urbanismo.

En no pocas ocasiones los corruptos son los que toman la iniciativa, son los que piden la mordida, sin esperar a que se la ofrezcan.

A título de ejemplo y sin ánimo exhaustivo:

El corrupto puede ser un político que tiene que compartir la mordida con un funcionario que aplica los criterios de adjudicación (sobre todo los “subjetivos”) del pliego que rige la contratación (quien hizo el pliego, hizo la trampa), o el mismo funcionario. A veces, las menos, el funcionario es un ser pusilánime que obedece a ciegas al político. No obstante, parece que casi siempre hay algún tipo de “sociedad”.

La corrupción puede aparecer tanto en la adjudicación del contrato como en su ejecución (modificados y liquidaciones injustificadas, etcétera, vestidas de “imprevistos”), o en ambas a la vez, con lo que se puede ampliar el espectro de los corruptos.

Las “mordidas” atienden a una gran casuística: pagos en efectivo (dinero negro), facturas falsas, obras en inmuebles del corrupto o familiares, ventas de inmuebles a bajo precio, viajes, prostitución, etcétera, etcétera. O de todo un poco.

No es inusual que el corrupto acabe de directivo en empresas a las que favoreció en su etapa de “servidor público”.

En el ámbito urbanístico, corruptos pueden ser tanto el político como el funcionario (alcalde, concejal de urbanismo, “jurista” municipal, arquitecto de la casa o del nuevo plan, etcétera). Unas veces actúan de forma individual, otras en comandita. Si el corrupto es, o se cree, lo suficientemente listo y tiene el poder de paralizar o enfangar el asunto, lo hace de forma individual, pues puede ser que el político sea un ser honrado o, simplemente, no se entere.

Cuentan que ha habido concejales “bisagra” que se publicitaban en la prensa como un dechado de virtudes e iban a devolver al pueblo, con el ejercicio desinteresado de la política, lo que éste les había dado en su amplia y exitosa vida profesional; y comenzaban solicitando para ellos la concejalía de urbanismo para terminar vendiendo el planeamiento por trozos.

También ha aparecido en la prensa que la trama corrupta y criminal que acapara actualmente los medios se había mosqueado porque alguna de las obras en las que tenían claro interés habían sido adjudicada a empresas distintas a las señaladas por ellos. Esto no tiene que significar que en la referida adjudicación se había procedido a adjudicar al “mejor postor”. Puede ser que dentro del órgano adjudicador existieran distintas “facciones” interesadas en el negocio de las adjudicaciones…

Moraleja: La probidad, en materia de contratación pública y urbanismo parece ser iuris tantum; lo que no quiere decir que la sombra de la sospecha haya de extenderse a todos los políticos, funcionarios, contratistas (muchos de los cuales son expulsados de la contratación por no estar dispuestos a pechar con las exigencias establecidas).

Siguiendo con José Ramón Chaves, el interesante vídeo de la charla que, ofreció el 4 de julio de 2025 en Valencia, en el IV Congreso de Contratación Pública:

Pinceladas impresionistas sobre ese ornitorrinco que es la contratación pública

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