Muy interesante y recomendable es el reciente libro de Javier Cremades, publicado por Galaxia Gutemberg:
«El imperio de la ley es la única alternativa al imperio de la fuerza. Sólo bajo el gobierno de las leyes, el ser humano puede vivir en libertad y en paz. Si no nos sometemos al Derecho, la ley del más fuerte, las fauces del totalitarismo acechan y amenazan con devorar la libertad y la convivencia», señala el autor en la introducción a este libro.
El imperio de la ley es un concepto jurídico que somete la acción estatal a una regla fundamental: la Constitución. La dignidad del ser humano es un valor básico de la propia Constitución que está necesariamente relacionada con la libertad, también con la libertad política, es decir, con la democracia.
El imperio de la ley, o lo que es lo mismo, el Estado de derecho, pone de relevancia que el principio del derecho constitucional es proteger la dignidad de los individuos. Sin embargo, para que el derecho incida en la conciencia social, no tanto de los juristas sino de toda la sociedad, es preciso fomentar una cultura cívica a través de la enseñanza y la educación, así como también por parte de las propias instituciones y de las personas. Y si esto fracasa, el Estado de derecho también fracasará, porque, si bien las garantías para proteger al imperio de la ley son, ante todo, jurídicas, también son políticas y sociales.
Javier Cremades, jurista de reconocido prestigio internacional, señala en El imperio de la ley que las amenazas de hoy en día –no faltan ejemplos de nuestra actualidad– no proceden tanto de los totalitarismos como de la corrupción de algunos países y de la injerencia de los movimientos populistas. Para hacerles frente, el Estado de derecho es la única alternativa posible ante la sinrazón y el empleo de la fuerza.
Coincidiendo con la lectura de este interesante libro, acabo de ver el interesante comentario de Monsieur de Villefort en su blog:
El texto comenta un breve e interesante artículo del jurista estadounidense John O. McGinnis, significativamente titulado El deber de hacer cumplir la ley
“Los estadounidenses deben, por supuesto, estar alerta cuando la aplicación de la ley amenaza derechos constitucionales individuales. Mas otro peligro corrosivo reside en la negativa del presidente de aplicar la ley. Esto debilita al Congreso. Disuelve la función conciliadora de la ley. Acelera la polarización política al mostrar a los ciudadanos que la legalidad depende de los resultados electorales. Una república no puede perdurar si sus leyes solo son vinculantes cuando el ejecutivo las acepta.”